jueves, diciembre 28, 2006

IGNACIO FERNÁNDEZ TRIBUNA

Diario Información 28/12/06

Tiempo de leer. Días/ de trajín, colas en los templos del consumo y plegarias cantadas en los templos de piedra. Días en los que el sosiego y el fuego del hogar se encienden, confundidos en burbujas de champán.

Buena ocasión para recoger velas interiores, y probar la contemplación y la lectura. Dicen que, entre los regalos navideños, el libro es el que descolla, desbancando incluso al perfume. Eso no quiere decir que, ahora, se lea más. No pocas veces, el libro queda como obsequio de compromiso. Muchos volúmenes cumplen, así, su función vitalicia, mostrando su historiado lomo en una estantería.

Ignoro si se puede aplicar a la actualidad aquella ocurrencia de Azaña : «Hoy, en España, se lee tan poco que para guardar un secreto, lo mejor es publicarlo en un libro». Parece exagerada, pero es verdad que el propio frenesí de la sociedad moderna, nos impide encontrar el tiempo oportuno.

Y es que, según dicen los que saben, leer es la «inutilidad» más útil que existe. Bien se podría afirmar lo que comenta Pío Baroja en sus memorias: «Hoy hay decadencia, por que no se leen libros despacio y bien». Yo pienso, en efecto, que no es cuestión de devorar libros, sino de hacerlo despacio y bien. Como decía Montaigne , el gran humanista francés tan amante de los clásicos: «Una cabeza bien formada será siempre preferible que una cabeza muy llena». En principio, le lectura puede apreciarse como una labor en cierto modo trabajosa, pero en cuanto te habitúas, el libro llega a ser compañero irrenunciable. A los chicos, no se les debe imponer. Hay riesgo de que se perciba como algo de obligado cumplimiento, un deber más o menos oneroso, en vez de una afición placentera. Daniel Pennac , en su famoso libro «Como una novela», afirma que «leer es un acto de amor cuyo placer sólo se puede encontrar si no nos viene impuesto». Él lo tiene claro: «El verbo leer no admite imperativo». Pero sí se puede animar, sugerir, crear el ambiente adecuado para la lectura.

En varios institutos de la ciudad de Elche, se está desarrollando una actividad de animación a la lectura de gran alcance, y con resultados muy positivos. Los docentes se han dado cuenta de que compensa invertir tiempo y energías para que prenda esta afición en sus pupilos con fuerza. Es normal. Leer tiene todas las ventajas para una educación básica consistente. En primer lugar, aprendes sin casi darte cuenta; mejora tu ortografía y tu redacción; se incentiva la imaginación y la capacidad creativa mucho más que con la televisión; enriqueces tu vocabulario; y, sobre todo, te lo pasas bomba... a un precio razonable. Uno puede llegar a disfrutar tanto que, al cerrar el libro por la última página, da gracias al Cielo emocionado, por los buenos ratos pasados.

Pero, para que cunda en los más jóvenes, los adultos hemos de dar ejemplo. El libro ha de estar presente en casa, ha de pasar de mano en mano, convertirse de alguna manera en talismán, objeto de referencia, algo vivo que no dormite en una esquina, al tiempo que orientamos nuestra proa por los mundos internáuticos. En todo caso, la Navidad es un tiempo propicio.

El frío acucia. No apetece salir. El Belén y el árbol adornan nuestro entorno doméstico. La luz de la tarde entra tímida por las ventanas, anunciando la penumbra... Entonces, encendemos la luz, se hace el silencio, abrimos un libro, y comienza la aventura. q

Ignoro si se puede aplicar la ocurrencia de Azaña: «Hoy en España se lee tan poco que para guardar un secreto lo mejor es publicarlo en un libro»

El libro ha de estar presente en casa, ha de pasar de mano en mano, convertirse de alguna manera en talismán, objeto de referencia

No hay comentarios: